De la identificación al devenir.

Las personas no son lo que deben ser a través de las identificaciones, sino lo que pueden hacer y ser en la medida de su potencia -intensidad singular que porta un cuerpo dispuesta a la acción-  dicho de otro modo, maneras de ser que encontrarán su sentido de vida por aquello que la potencia empuja incesante, aquello que insiste en existir.

La potencia solo se puede entender articulada, amalgamada al cuerpo-carne. No es la razón ni la intelectualidad, tampoco una idea abstracta que se presta a la equivocidad y confusión.

Para comprender la potencia  es prestarse a la experimentación. Por ejemplo una persona puede tener la convicción razonable que su vocación está en ser ingeniero, ya que habitó y habita un territorio de profesionales afines a la ingeniería y posee alta capacidad en matemática. Luego de cierto tiempo, puede comenzar a cansarse sentirse aprisionado por las exigencias, finalmente el cuerpo enferma. Esta manera de ser-ingeniero descompone el cuerpo, no lo compone con su potencia. El encuentro con el territorio-ingeniero lo lleva a un estado de disminución de su potencia de actuar, su intensidad singular no acciona. El hacer y el sentir de esta persona entra en relación con actividades, cosas, ambiente, colegas que no le favorecen.

Se trata de relaciones a veces concientes otras inconcientes, no necesariamente sexuales -unidad lineal postulada por el psicoanálisis para analizar los conflictos del ser-. Estamos hablando de una potencia que existe en la materialidad de un cuerpo, que toma forma y se entrama con varias líneas de fuerza que hacen a la constitución de una persona y la componen en distintas maneras de ser. De ahí que una potencia-línea de fuerza dominante tendrá más intensidad que otras en el cuerpo-carne, y en su pensamiento para actuar en la realidad y sobre sí mismo.

La tarea es desmarcarse de las identificaciones socialmente dispuestas.
La identificación la consideramos como imitación, reproducción, copia, repetición de modelos, un exterior impuesto al cuerpo, una operación necesariamente vital de subjetivización, una línea que garantiza la humanización, volverse humano.
En cambio el devenir consiste en la transformación vital de lo necesario es la puesta en acción de la propia potencia a través del cuerpo, después de todo nadie sabe de lo que es capaz un cuerpo, en palabras de B. Spinoza.

Ilustración del ataque de pánico (?)

 

George Grie artista neo-surrealista, ilustra un pensamiento conceptual de lo que significa en el aparato psíquico un ataque de pánico o panic attack.
Panic attack, es una terminología creada en los E.E.U.U -como tantas otras terminologías clasificatorias- para denominar en este caso un exceso de angustia intolerable.
(no hay que olvidar que vivimos en tiempos de “excesivos”)
El psicoanálisis ortodoxo, el conservador entiende de antemano que este desborde de angustia tiene que ver con la sexualidad infantil asociada a mamá y a papá y con cierta estructuras psíquicas que posibilitan el advenimiento de semejante angustia.
La psicología Vitalista pone en entre-dicho esa propuesta del psicoanálisis de la sexualidad infantil que conduce de manera inevitable al padre, al hijo y al espíritu santo!!! (triángulo edípico)

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Un cuerpo capturado: mortífero.

Por: Lic. Graciela Rautenberg.

Psicología Vitalista

Lo mortífero es una tonalidad afectiva estable y constante que inviste a  la persona. Se instala en el cuerpo y expande como veneno sus partículas en cada encuentro.
Son las personas que apenas viven, los muertos en vida que dejaron que la insignificancia los nombre, que resignaron un sentido de lo personal para entregarse a una mismidad apabullante, no sin antes sentir su vida vacía y la cuestión mortífera fue llenarla a cualquier costo y cualquier contenido convirtiendo, el llenado en hábitos viciosos.
Son personas monotemáticas, atolondran con la literalidad y la linealidad de sus expresiones monopolizando las conversaciones o las actividades en conjunto.
No solamente nos referimos a  personas que poseen la eficacia de enredar en lo mortífero, también una actividad o dedicación puede trasladar a una persona al estado de inmovilidad negativa. (aunque se mueva todo el tiempo de aquí para allá)
Lo mortífero es apoltronarse en un lugar y depender al extremo de ese lugar y nada más que de ese lugar, porque si lo desplazan o se desplaza un milímetro de ese lugar otra vez viene el vacío. El vacío tan poco tolerado, tan mal interpretado, tan evitado que si aparece, se lo llena obsesiva y compulsivamente. (desde afuera claro!) Y es, en ese lleno (del vacío) que se encarnan los deseos mortíferos
El mundo, la vida cotidiana, un vínculo, varias relaciones, los medios de comunicación pueden sistemáticamente expandir lo mortífero con sus miríadas de estímulos directos. Hay que recordar que en muchas situaciones de la vida la persona es carne viva, carne expuesta, siendo el valor propio que tenga de sí misma que jugará como una encrucijada para que lo mortífero la envuelva o no.
Aunque parezca simpático, seductor,  prolífero, inteligente, interesante, detrás de quien porta lo mortífero, trabaja un déspota, una maquinaria despótica, con el disfraz que quieras imaginar: simpático, bondadoso etc.  
(hay personas que tienen una imagen de sí, que creen ser-actuar de una manera muy distante y diferente del déspota, cuando en verdad son el ejemplo del despotismo en persona) 
En el cuerpo hay que registrar las impresiones sensitivas, y ver como se inscribieron y la cualidad que las caracteriza, como por ejemplo, miedo, esperanza, dolor, comodidad etc, y cuál de estos sentires son predominantes o rectores de la vida.
Armar un mapa histórico de los deseos y trazar el recorrido hasta llegar al presente, en lo posible leer su fundación y leer el sistema que gobierna los deseos.
En la esfera del pensamiento, habría que acercarse al tiempo y a la densidad que se vuelca en las múltiples realidades que nos constituyen en existencia.  
En lo mortífero los deseos y los pensamientos han quedado sin fuerzas, están pegados a un afecto que desanima, como por ejemplo el miedo o la esperanza. La esperanza es una trampa, deja a cualquiera en estado de espera, sin acción. 
No hay conflicto, no hay lucha de fuerzas. Cuando hablamos de un cuerpo capturado, hay desplazamientos, líneas que se conectan, siempre es un método social, lo individual (una persona déspota) entra en conexión con un método social mortífero.

 Cuerpo lleno-déspota-mortífero. Inconciente-capturado.

 

 Cuerpo vacío-deseante-vital. Inconciente-conciente-librado.

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Ich – Je – Yo. y los psicofármacos

Ich – Je – Yo. (extracto de un trabajo sobre el consumo de psicofármacos)

Por Graciela Rautenberg.  Luli.

¿Por qué Freud, siendo médico neurólogo, cerró el cerebro con la misma fuerza con la que abrió el psiquismo?

De todas maneras fueron las histéricas, hace un siglo atrás, que forzaron otra mirada posible, fueron ellas o el diagnóstico, quienes libraron una batalla con los neurólogos y lograron liberar –por un tiempo- el cuerpo del dispositivo clínico médico. Freud entonces se ocupó del psiquismo, y operó la ruptura con la epistemología hegemónica que gobernaba en aquella época el campo del saber científico.

En los primeros escritos sobre la histeria que hiciera con Breuer se puede observar, el despliegue por parte de Freud de un vocabulario técnico mecanicista que remitía a conceptos fisiológicos y químicos (“neuronas”, “cantidad”, “excitación intracerebral”) para comprender y explicar los procesos psíquicos.

Freud, investigador de las enfermedades nerviosas se resistía a la sola explicación psicológica de los fenómenos “psicológicos” (?).

Sin poder resignar su formación de neuropatólogo y advirtiendo que sus historiales clínicos fueran leídos como novelas breves, Freud escribió lo que nunca publicó: “Proyecto de una psicología para neurólogos”. Un borrador en el que intentaba formular las explicaciones de la vida anímica, es decir del psiquismo, amalgamado a un sustrato fisiológico, con el fin de establecer una psicología que guarde los criterios de cientificidad del saber positivista. El positivismo era el único legitimador de la producción de cualquier conocimiento.

De manera básica y con fines expositivos, se dirá qué: Freud en aquel proyecto que nunca publicó, teorizó entre otras cosas, los procesos psíquicos en términos de cantidad, desde el hipotético principio de inercia neuronal, un proceso mediante el cual, las neuronas podían ser catectizadas (cargadas) por magnitudes de excitación variables que tenderían a la descarga. El Yo intervendría activamente en los mecanismos de inhibición-carga o liberación-descarga, de la cantidad de excitación que circulaba por la parte biológica.

En lo sucesivo, las neurociencias y la psiquiatría no dejaron nunca de nutrirse de aquel proyecto que postulaba un aparato neuronal capaz de dar cuenta de los afectos displacenteros (inhibidos), cuantitativamente observables en la manifestación por parte del sujeto, de sus estados anímicos. Pero fue el mismo Freud quien se alejó de las formulaciones teóricas que involucraban el funcionamiento neuronal-biológico, es decir el sistema nervioso con sus corrientes eléctricas y su química, para dar paso a la investigación del Inconciente y poner al descubierto y de manera relevante otra energía que recorría el cuerpo: la energía sexual.

Sin embargo Freud, guardó siempre una esperanza. En uno de sus últimos artículos, “Esquema de psicoanálisis”, refiriéndose a la técnica psicoanalítica, escribió:

“Quizá el futuro nos enseñe a influir en forma directa, por medio de sustancias químicas específicas, sobre los volúmenes de energía y sus distribuciones dentro del aparato anímico; por ahora no poseemos nada mejor que la técnica psicoanalítica. Puede que se abran para la terapia otras insospechadas posibilidades; por ahora no poseemos nada mejor que la técnica psicoanalítica, razón por la cual no se debería despreciarla a pesar de sus limitaciones.”

¿Debería sorprendernos la esperanza que guardaba el creador del psicoanálisis, para influir de forma directa en el aparato anímico, por medio de una sustancia química, del psicofármaco? Para nada, no solo por el hecho de haber sido disciplinado en las ciencias neurológicas, sino también, por el hecho de haber fundado una escuela, que si bien problematizó los saberes y prácticas de su época, contiene un cuerpo teórico que establece un esquema de pensamiento consecuente con la lógica de lo Uno, esto es, pensar el sujeto desde estructuras universales de conocimiento,  lo cual significa la constitución de un sujeto modelo de normalidad, sobre todo al postular aquellas invariantes funcionales que según Freud gobiernan el psiquismo, de esta manera el psicoanálisis se instituyó como un sistema de pensamiento psicológico normalizador de lo enfermo, es decir de lo anormal. Idéntico al esquema médico.

Entonces, Freud pensó que el futuro traería esa sustancia química la cual se encargaría de normalizar las energías descarriadas del cerebro y de la energía sexual descarriada se ocuparía el psicoanálisis de disciplinar.

Una vez que se instituye un sistema teórico como el psicoanálisis, un saber regido por verdades absolutas, cuyas verdades actuaron modelando el pensamiento de los profesionales y  los modos de abordar la realidad psíquica de un individuo, derivó indefectiblemente en prácticas profesionales funcionales al poder y a la política, en tanto que producen un sentido psicológico normalizador consonante con las exigencias subjetivas de un orden social establecido.

Actualmente algunos psicólogos formados y alineados en estructuras universales de pensamiento, hacen de la práctica psicoterapéutica una reproducción del  sistema social instituido, por tal motivo no encuentran fisuras, ni resistencias al ejercicio de su práctica, sin atender a las graves dificultades para ejercer un juicio crítico de su propia disciplina.

Las problematizaciones y críticas llegan desde otros modos de pensar. Por ejemplo y con fines de construir una elucidación crítica, en referencia a las instancias del aparato psíquico, (el Yo, el Inconciente…) citaremos a Felix Guattari, quien advierte y cuestiona el concepto del inconciente propuesto por la teoría psicoanalítica, la cual dice que mutó y perdió parte de la riqueza original, cediendo el paso al análisis del yo que debe adaptarse a la realidad, a la sociedad actual, a la subjetividad capitalista.

Una observación semejante la realizan J.Laplanche y J. B. Pontalis en el Diccionario de Psicoanálisis, al notar que a partir del año 1920 en la teoría freudiana hay una vuelta al Yo, correspondiendo a una práctica orientada al análisis del Yo y sus mecanismos de defensa en contraste a los contenidos del inconciente.

De esta manera el Yo, como instancia del aparato psíquico, adquirió un papel central en la teoría psicoanalítica y en las demás orientaciones y corrientes psicológicas, oscureciendo otras dimensiones constitutivas del ser humano.

Por su parte Freud, refiere el origen del Yo a una progresiva diferenciación del ello que debe entrar en contacto con la realidad exterior, y por otro lado el Yo sobreviene como resultado de la trayectoria de la libido que atravesará distintas etapas psicosexuales, desembocando en identificaciones acontecidas predominantemente en el complejo de Edipo, complejo mediante el cual, el hijo ama a su madre y al mismo tiempo rechaza y rivaliza enérgicamente con el padre pero finalmente resigna el amor hacia su madre y se identifica y aspira a ser como el padre, es decir con la persona que previamente había odiado (de manera inconciente) El Yo se constituiría entonces: por la incorporación  de aquellos atributos que tanto rechazaba. La esquizofrenia social como dice Deleuze, desear y ser aquello mismo que detestamos

Pero si se traza en otro sentido la trayectoria libidinal, es decir desde una dimensión histórica-social, observamos que los primeros trazos en la investidura libidinal al propio yo, se sitúan en el siglo XI, con el paulatino desvanecimiento de un orden teocéntrico, un orden social en el que Dios se suponía naturaleza y centro de toda la actividad humana. En este momento histórico y social, de gobierno teocrático, no existían las condiciones de posibilidad para el surgimiento de una instancia psicológica semejante al Yo.

Con el advenimiento de una nueva clase social, la burguesía, el individuo adquiere cierta autonomía de existencia, otras fuerzas y otros conocimientos fuera de Dios comenzaron a circular. A partir de esta progresiva organización social y económica diferente, el Yo fue conquistando semejante entidad, que le permitió consolidarse en el centro de la vida, un Yo depositario de todo interés, cuidado y protección.

En el transcurso de la historia y en el recorrido de los cambios acontecidos, se fue conformando lentamente un modo de ser con un Yo referente hasta el hartazgo, desenlazado del colectivo social y con dificultades de establecer otros lazos fuera de él. Lo que produce quizá un fenómeno psicológico, la sobrecarga sobre una sola instancia del aparato psíquico.

Preguntas:

¿Las psicoterapias actuales cuentan con recursos teóricos y técnicos para poder abordar de otra manera la organización psíquica y social que no sea la de asistir a un yo auto-libidinizado?

¿Cómo saltar el cerco epistemológico que demarcó de una vez y hasta el momento un Yo sirviente y negociador para posibilitar la emergencia de la capacidad de autonomía como proyecto de vida? (según postula Freud el Yo debe negociar y servir a mismo tiempo con la realidad exterior y a su vez con los impulsos provenientes del interior y con los imperativos del súper yo)

Pensar en la autonomía, no en el sentido psicoanalítico del término, definido por sus funciones de control de motilidad, de percepción, de razonamiento etc. sino la autonomía en un sentido ontológico, como la capacidad del ser humano de crear e instituir otras realidades, mediante el cuestionamiento de las actuales condiciones de existencia individuales y colectivas e inventar en un mismo movimiento lo que no está, accediendo al derecho de habitar, esa creación de nosotros mismos.

Porque lo que está es:

un yo-cuerpo amenazado por múltiples peligros,

un yo-imagen que debe reunir los requisitos de belleza, delgadez, estar a la moda,

un yo-cognitivo repleto de información, que debe acumular educación, especialización, formación profesional,

un yo-ideal que responde al imperativo de búsqueda del paraíso y bienestar acatando las prescripciones del momento para conseguirlo,

un yo-sirviente que trabaja en condiciones laborales cada vez más exigentes, que produce y crea solo para luego consumir y pertenecer al sistema,

un yo-aburrido, autoreferencial, solo habla de sí mismo de sus preocupaciones y proezas, un exceso en la valoración de las propias ideas y locuacidad,

un yo-vincular posesivo, “la pareja responde a una lógica capitalista, el otro es de mi propiedad”, sin descanso el yo efectúa la tarea de dominio y control sobre ese otro que le pertenece.

Este panorama muestra como la gente enferma por una implosión, las cargas sobre el yo hacen el derrumbe interno, dejando intacta la realidad exterior y las condiciones sociales por  las que atraviesa, porque no hay autonomía, no hay inventiva, existe un yo-fachada. La restauración de la implosión interna, resultará de una lucha solitaria, aislada para poder reconstruirse en lo que fue, o en lo que puede hacer con los escombros que quedaron de sí.

En este sentido el inconciente freudiano, fijado al pasado perdió también su potencia, potencia sustraída y concentrada en el psicofármaco y en el Yo, por el hecho de constituirse ambos en un soporte fundamental de la subjetividad capitalista.

Hay que rescatar de los escombros al Inconciente y dejar de depositar todo en un Yo. Dice Deleuze, “…el inconciente, ni lo tenéis, ni lo tendréis jamás, no es un “ello estaba” cuyo sitio debe ocupar el “Yo”. Hay que invertir la fórmula freudiana. El inconciente tenéis que producirlo”.

Es necesario recordar y volver a la esperanza que guardaba Freud, al entrever, quizá por ser el creador, que una sustancia química tendría el mismo efecto que la técnica psicoanalítica, que supuestamente trabaja con el Inconciente, por lo tanto cabe preguntar desde una  perspectiva de efectos: ¿El psicofármaco y la técnica psicoanalítica, son procesos que conducen al individuo a habitar un mismo territorio?

Un territorio que está previamente emplazado y que se llega bien por la ruta neuroquímico-pastilla o por la ruta simbólica-teórica.

¿Qué territorio estaría previamente emplazado para habitar? ¿Aquel mismo y vasto territorio que logró gobernar Adriano el emperador de Roma quien dijo en palabras de M. Yourcener en sus memorias: “Dudo de que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud; a lo sumo le cambiarán de nombre. Soy capaz de  imaginar formas de servidumbre peores que las nuestras,.. que se logre transformar a los hombres en máquinas estúpidas y satisfechas, creídas de su libertad en pleno sometimiento..”.

El poder dejó de estar en manos de -Adriano- para hacer metáfora de un único soberano que gobierna la vida, ahora, el poder está dispuesto en redes más sutiles, ambiguas hasta contradictorias entre sí. De tal modo, los profesionales de la salud (mental), apostados no ya en un trono, pero si en un cómodo sillón de consultorio pueden, y digo pueden enredar sus prácticas entre los circuitos del poder, procurando en el paciente una satisfacción narcisista a través de una mayor conciencia de sí, insuflando ese preciado Yo, anexando un extraordinario conocimiento individual, simulando que, ese conocimiento es la tan ansiada y creída libertad.

Quizá el presente, encarnado en el Yo, se vuelve agobiante por la escasez de futuro (¿?) por eso es que, en el aquí y ahora que opera el psicofármaco a modo de una estrategia de subsistencia, no cura ni resuelve la situación de padecimiento, pero ayuda a restituirle al cerebro el equilibrio neuroquímico perdido.

La “ayuda” se observa como el leit motiv para recetar psicofármacos, porque además de un ansiolítico,  un antidepresivo, se prescribe una psicoterapia que resuelva los conflictos, o de manera inversa desde un proceso psicoterapéutico se estiman los beneficios de un ansiolítico, un hipnótico, un antidepresivo para dominar aquel afecto indomable que incomoda tanto al terapeuta como al paciente en el abordaje de los problemas y conflictos.

¿En psicología también se agotaron los modelos de intervención  frente a una realidad que construye otro modo de padecer?

¿Será un acierto entonces el pronóstico de  la Organización Mundial de la Salud, al decir que la depresión será la segunda causa de muerte y de incapacidad social en el año 2020?

¿Por qué habría de aumentar una población deprimida si científicamente estuviese comprobada la eficacia del psicofármaco y por otro lado la eficiencia de las psicoterapias actuales?

¿Esta población deprimida, estaría dando cuenta de la exclusión social, es decir, aquellas personas que no tienen ni tendrán posibilidades económicas para consumir un psicofármaco o pagar una psicoterapia?

¿Qué historia se está trazando para la vida de una sociedad capitalista occidental?

Una sociedad capitalista que: como y come y no convida, toma y toma psicofármacos y no mejora!

La Psicología Vitalista en.redando pensamiento y acción.

La Psicología Vitalista se propone pensar de otro modo el acontecer humano.
Inmersos en el siglo XXI nos encontramos todavía, con el uso intelectual de categorías del pensamiento psicoanalítico que hacen el sustento de una práctica profesional carente de toda o alguna eficacia simbólica en la vida cotidiana de las personas que consultan. Nos referimos a las teorías del siglo pasado que mantienen una ideología heteronormativa capitalista que agudizan una forma existencial enfermiza. 

Al mismo tiempo y en consonancia con las ciencia psicológica dominante, las ciencias neurológicas en conjunto con el sistema médico, están produciendo una superabundancia de discursos, diagnósticos, clasificaciones, sumado a la infatigable fabricación de nuevos medicamentos, como promesa de mejor vida, como soluciones de vida, pero en verdad capturan y  sujetan las fuerzas vitales de la persona, expropian el cuerpo de su habitante. “Disocian”

La Psicología Vitalista amplía las formas de pensar, investiga la singularidad de cada persona, considerando atender las múltiples afectaciones que atraviesan un cuerpo y la subjetividad de una vida.

Sin fórmulas rígidas, la Psicología Vitalista abre un territorio de escucha, de lectura, de experimentación a la multiplicidad de sentidos de una historia, una historia mezclada entre otras y que agencia sin quererlo (o queriendoló) con la gran historia relatada de la humanidad, entre lo social y lo político, entre lo religioso, lo económico se desenvuelve (y envuelve) una vida-persona que vemos se construye continuamente en medio de relaciones de poder, del poder de dominación ejercido en el centro familiar, por ejemplo, la familia como núcleo de poder tiránico en la subjetivación individual. Una vida-persona que se despliega en lo social y deberá adaptarse o resistir a la jerárquica división de los sexos, mujer o varón, dividiendo constantemente los atributos de fuerza e inteligencia para el varón y la sensibilidad emocional para la mujer, lo que se efectiviza en el mundo laboral y en las calificaciones presupuestas inferiores en la mujer (y cuando la Psicología Vitalista dice mujer dice todas las maneras de ser mujer, lesbiana, trans, queer, astronauta, loca o poeta).  Una vida-persona que estará enrolada por defecto del sistema… al régimen capitalista, llamada a consumir y a mostrar y pertenecer y para pertenecer sabrá que no tiene que perder, la consigna es ganar, la consigna es el éxito dictado por el régimen capitalista, por ejemplo.

Una vida-persona-singular y tan plural y polifónica a la vez, existe en medio de las disputas de poder de dominación, entonces la psicología vitalista busca, intenta encontrar la potencia de un cuerpo, las posibilidades de acción y expansión de su ser, mediante las múltiples formas de ser, que están ahí y que solo resta descubrirlas. Hay varios sentidos de vida que insisten por existir.

La Psicología Vitalista está desprendida de las interpretaciones universales que caen y recaen como plomo, como verdades sagradas sobre una persona, verdades que hacen del psiquismo, del inconciente, del cuerpo y del alma una estructura válida e idéntica en su funcionamiento y mecanismo para toda la sociedad occidental.

Este espacio abrirá líneas de reflexión o posibles nuevas miradas a los cuerpos, a las subjetividades sexuales, a las mutantes formas de relación, comunicación, de sentir y estar en este mundo. La psicología vitalista te invita a pensar, que a veces es romper, otras veces fluir, pensar es una acción, una potencia que hay que recuperar. Pensar no es repetir, pensar es hacer máquina con los afectos alegres, es hacer conexión con lo sentido, con la singularidad, con lo propio, pero pensar es donar, es afectar alegremente a otro/a…abrir, abrir, abrir

Solo si te interesa pensar, sentir y quizá vivir de otra manera sumate al grupo.
Bienvenidx Vitalista.

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